domingo, 10 de marzo de 2013

Paleobreves: en la variedad está el gusto (II)

Lo prometido es deuda, y aquí va la segunda parte del último paleobreves:

Comenzamos con plantas: en unos fósiles de Aglaophyton major (Rhyniophyta), del Devónico escocés, se han encontrado preservados arquegonios y anteridios, este último repleto de gametos masculinos listos para propagarse (lo que dio lugar a muchos titulares del tipo "la eyaculación más antigua del mundo"...). Leed más en el blog de Tierra de Dinosaurios. Por otro lado, uno de los principales grupos de plantas en nuestro yacimiento de Las Hoyas son las carófitas, y se han utilizado en un nuevo estudio para datar el yacimiento, que pasa a ser ligeramente más moderno de lo que se pensaba, concretamente el límite Barremiense-Aptiense.

Fósil de Aglaophyton major.

Y ya que hablamos de Cuenca, pasemos al yacimiento hermano de Lo Hueco, que en las últimas semanas también nos ha dejado un par de estudios interesantes. El primero, el de un pitonomorfo terrestre (el segundo, después de Kaganaias), que parece reafirmar la hipótesis de que el ancestro de los mosasaurios podría haber sido terrestre, para ir poco a poco adquiriendo un modo de vida acuático. El segundo, sobre un titanosaurio de unos 15 metros de longitud, clasificado como Ampelosaurus sp. (a falta de más restos que permitan identificarlo a nivel de especie). Lo curioso de este animal es que los restos han permitido reconstruir el cerebro y el oído interno en 3D, y parecen indicar que este animal sería un animal que no podría moverse rápidamente, ni con un buen sentido del equilibrio (resulta irónico que en un saurópodo más basal como Spinophorosaurus, en el que también se llevó a cabo este estudio, dicho sentido del equilibrio fuera mucho más desarrollado). Al pobre ampelosaurio se le tildó de tonto y torpe, y aquí y aquí, algunos de nosotros hicimos un poco de sangre con ello.

Molde 3D del cerebro del Ampelosaurus de Lo Hueco, y reconstrucción del animal por Óscar Sanisidro.

Eosinopteryx brevipenna es un troodóntido basal del Jurásico de Liaoning (China). Con unos 30 centímetros de longitud e impresiones de plumas, este animal presenta una cola y morro más cortos que otros dinosaurios del mismo grupo, y también su plumaje parece más reducido, lo que, según los autores, añade más complejidad a la aparición del vuelo.  Por otro lado, el estudio del hueso medular (presente solo en hembras reproductivamente activas) en ejemplares de Confuciusornis confirma la hipótesis de que este ave presentaba dimorfismo sexual, pues ha permitido clasificar a los individuos en machos (largas plumas en la cola) y hembras (sin plumas largas en la cola). En este estudio ha participado Jesús Marugán, uno de los investigadores que participan en el yacimiento de Las Hoyas.

Fósiles de Eosinopteryx y de Confuciusornis (pueden apreciarse los dos morfotipos, machos y hembras). Ilustración de Stephanie Abramowicz.

Siguiendo con arcosaurios voladores, es el turno de los pterosaurios: Eurazdharcho langerdonfensis, un azdárquido del Cretácico superior de Rumanía, ha sido publicado recientemente. En el estudio se reseña que se han encontrado bastantes restos de este animal, y que para pertenecer a este grupo era un animal relativamente pequeño, con solo 3 metros de envergadura. También se ha llevado a cabo una revisión de Prejanopterus curvirostris, el pterosaurio encontrado en la Rioja. En dicha revisión se le clasifica como un pterodactílido ctenocasmatoide, y se muestra que la característica curvatura del pico es debida a una deformación del fósil (pese a que presenta otros rasgos craneales característicos que justifican igualmente el taxón).

Restos de Prejanopterus curvirostris.

Y terminamos con cocodrilos: Culebrasuchus mesoamericanus, Tyrannoneustes lythodrectikos y Allodaposuchus subjuniperus. El primero es un género y especie nuevos de aligator encontrado en Panamá, del Mioceno temprano, y proporciona nuevos datos sobre la dispersión de estos animales hacia el norte cuando se formó el istmo de Panamá, hace 2,6 millones de años. Por su parte, Tyrannoneustes es una nueva especie de metriorrínquido de 165 millones de años (el más antiguo conocido), encontrado en Reino Unido y descrito por científicos ingleses.; y A. subjuniperus es una nueva especie del género Allodaposuchus cuyos restos se encontraron en depósitos del Cretácico superior de Huesca debajo de una sabina (como indica su nombre subjuniperus). Y también se publicaron recientemente dos artículos sobre marcas de depredación de cocodrilos sobre bivalvos (restos encontrados en la Rioja) y ornitópodos juveniles (Utah).

Reconstrucciones del aligator Culebrasuchus (por Danielle Byerley) y del metriorrínquido Tyrannoneustes (por Dmitry Bogdanov), y cráneo de Allodaposuchus subjuniperus.

Referencias:

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